Ninguna casa que diseñamos empieza por la fachada. Empieza por entender hacia dónde sale el sol en la mañana, de dónde viene el viento dominante y qué vegetación ya existe en el terreno y vale la pena conservar.
Esa información determina decisiones muy concretas, como la ubicación de las cocinas y los espacios sociales, el tamaño y la orientación de los ventanales, y la disposición de balcones y aleros que protegen el interior sin bloquear la vista.
El resultado son casas que dependen menos de sistemas mecánicos de climatización y que aprovechan mejor la luz natural durante todo el día, sin sacrificar comodidad ni estética.